La actitud ante la oposición

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Como dice un buen amigo, cuando empiezas una oposición debe ser con la firme convicción de que no vas a parar hasta sacar la plaza, porque si empiezas diciendo “bueno yo pruebo un tiempo y ya veo”, en el primer bache o mala racha que tengas vas a tirar la toalla. Por eso, empezar el proceso con una buena actitud, de manera positiva y con intención de dar todo de ti para conseguirlo, ya tienes mucho ganado.

Evidentemente se pueden abandonar unas oposiciones, y no se es por ello un fracasado, pero sí creo que eso debe pasar cuando se ha intentado todo y la sensación generalizada del proceso no es agradable en ningún momento, o empieza a afectar a nuestra salud. Pero momentos malos, perder la motivación, suspender convocatorias, hacer un mal cante, son cosas que van a pasar, porque no vivimos en Mr. Wonderful, y eso no puede hacernos tirar la toalla.

Tenemos que asumir que las oposiciones no son un castigo que alguien nos ha impuesto, sino que ha sido nuestra decisión, motivada por hechos muy diversos, pero nuestra decisión al fin y al cabo. Como tal, debemos verlo como un reto para demostrarnos que podemos lograr aquello que nos proponemos, y sobreponernos a los momentos malos, teniendo claro que es algo que pasa en cualquier decisión y camino que tomamos. Por eso es tan importante una buena actitud, para enfrentar con la mejor filosofía posible los baches y salir de ellos, si no airosos, lo menos perjudicados posible.

Otro aspecto muy importante de la actitud en la oposición es saber por qué estamos opositando, y no enfocarlo como un callejón sin salida. Voy a tratar de ilustrarlo con una frase que me encanta y que es extrapolable a muchas situaciones, también a esta:

Cuando te apuntan con una pistola tus opciones no son hacer lo que quieren o morir, tienes otras 148 opciones, como sacar una más grande.

Serie «Suits»

No podemos tomarnos la oposición como que es la única opción que tenemos ante un futuro incierto. Cuando esto pasa, empezamos a ver la oposición como una obligación, como algo que tenemos que hacer porque sí, y le vamos cogiendo manía. Y es el peor error que podríamos cometer.

A nadie le gusta hacer algo que siente que le viene impuesto y que no ha elegido, o que sí ha elegido, pero solo porque “no queda otra». Nada más lejos de la realidad. Ante cada situación tenemos diferentes opciones, y nosotros, por el motivo que sea, hemos elegido esta. Cuando nos decantamos por esta opción nos parecía la mejor opción. Y hay que ir con ella hasta el final. Cuando nos veamos perdidos, hay que recordar por qué empezamos, parar un poco, tomar perspectiva, y retomar con más fuerza. Frenar, coger aire, siempre viene bien. Pero abandonar ante el primer contratiempo no es una opción.

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Día tras día.

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Esto no se trata de una carrera en la que hay que llegar el primero aunque perdamos la cabeza por el camino. Se trata de cruzar la meta; no hay límite de tiempo, ni posiciones; todo el que la cruza sube al podio.

Lola Mars